En los años 80 y 90, cuando el gaming empezaba a construir su identidad global, las colaboraciones entre tecnología y lifestyle eran todavía territorio inexplorado. Sin embargo, Japón volvió a adelantarse a su tiempo con una alianza tan curiosa como visionaria: la unión entre Sega y Seiko para lanzar relojes inspirados en el universo gamer. No era merchandising básico. Era relojería real, con ingeniería de precisión, cruzada con íconos de la cultura pop digital.

Uno de los casos más recordados fue el reloj dedicado a Sonic the Hedgehog, donde Seiko trasladó la estética del personaje a la esfera, correas y packaging. El resultado no era infantil ni caricaturesco: era un objeto de colección pensado tanto para fans como para entusiastas de la marca relojera. La calidad de construcción seguía los estándares de Seiko, con movimientos fiables y materiales premium, algo que lo diferenciaba de otros productos licenciados de la época.
La colaboración también funcionó como puente cultural. Sega aportaba el universo narrativo, los personajes y la identidad visual, mientras Seiko ponía su legado industrial y relojero. Era el encuentro entre el tiempo digital del videojuego y el tiempo mecánico de la relojería japonesa. Esa dualidad convirtió a varios de estos modelos en piezas buscadas dentro del coleccionismo tech y retro, especialmente en mercados como Japón, Europa y Estados Unidos.
Hoy, décadas después, los relojes Sega x Seiko sobreviven como símbolos de una etapa donde el gaming empezaba a expandirse más allá de la pantalla. Con el auge actual de las colaboraciones entre marcas tecnológicas y de lujo, aquella alianza temprana cobra nuevo valor histórico. No fue solo un reloj: fue una señal de hacia dónde iba la cultura gamer.